La variación individual es una de las características de la especie humana. Cuando esa variación se aleja tanto de lo normal como para alterar la morfología y o la función se le denomina deformación o malformación. Las malformaciones pueden ser congénitas o adquiridas. Se denominan congénitas a aquellas malformaciones presentes en el momento y adquiridas a aquellas que se van adquiriendo en el curso de la vida.
Las malformaciones pueden ser fácilmente visibles, como por ejemplo una hidrocefalia frente a un niño con una cabeza grande; o una amputación congénita cuando falta un sector parcial o total de un miembro; o mielomeningocele cuando el niño nace con una gran tumoración a nivel lumbosacra.
Hay elementos que configuran lo que se denomina displasia epifisocotiloidea. Los signos de displasia cotiloidea son el techo muy oblicuo, con un ángulo acetabular muy aumentado, apreciándose a veces un surco que es por donde se escapa la cabeza femoral. La metáfisis femoral está ascendida y externa; cuando el núcleo de osificación está presente no ocupa el cuadrante inferior e interno. Cuando hay sólo una displasia podemos observar el techo más oblicuo y el ángulo acetabular más aumentado. Si es una subluxación parte de cabeza femoral está adentro y parte está afuera del cotilo, ósea que habrá además una rotura del arco de Shenton y un ascenso de la espífisis femoral que estará algo más externa. Si la cadera está luxada, todos estos signos se verían aumentados.


