
Es la aplicación de calor sobre el organismo con fines terapéuticos a través de cuerpos materiales de temperatura elevada. El calor se propaga en el organismo produciendo una elevación de la temperatura a consecuencia de la cual surgen los efectos terapéuticos.
Un agente térmico se considera caliente siempre que esté entre los 34 y los 36ºC y no supere el límite de sensibilidad cutánea de 58ºC. La aplicación termoterapéutica tiene variados efectos:
A nivel celular: aumentan los procesos metabólicos hasta un punto en el cual, sin importar que aumente la temperatura, disminuye el proceso metabólico.
Circulación sanguínea: el efecto más importante es la termorregulación que produce en un principio una breve vasoconstricción y a continuación una vasodilatación que produce hipertermia. En toda la superficie corporal se produce una reacción vasomotora que tiene una acción refleja en zonas distales a la aplicación y que produce efectos importantes, tales como la mejoría de la nutrición celular, acción bactericida, antiinflamatoria y analgésica.
Aparato digestivo: Las aplicaciones de calor disminuyen las secreciones y aumentan el tono de la musculatura gástrica, además de aumentar el movimiento intestinal.
Aparato urinario: el calor aumenta la diuresis y acelera el vaciado vesical.
Sistema respiratorio: el calor hace que aumente la frecuencia respiratoria y el contenido de vapor de agua en el aire inspirado, cuya consecuencia es un mecanismo de termorregulación.
Sistema nervioso: los estímulos calientes de corta duración aumentan la sensibilidad y los de corta duración la disminuyen, lo que produce sedación y analgesia.
Músculos: el calor relaja los músculos, es antiespasmódico y elimina la fatiga, aumenta la elasticidad y disminuye el tono muscular.
Piel: el calor sobre la piel produce un aumento de la temperatura, modificando la circulación y la sudoración a nivel local. Además, aumenta la evaporación de agua a través de la piel y disminuye la sensibilidad de las terminaciones nerviosas táctiles.
Efectos terapéuticos de la termoterapia:
Antiinflamatorio: la termoterapia tiene efectos antiinflamatorios y puede utilizarse en cualquier tipo de inflamación, excepto las de fase aguda.
Analgésico: este efecto se obtiene a los pocos minutos de la aplicación. Su intensidad depende de la temperatura, el tiempo de aplicación y las condiciones en las que se encuentre el paciente.
Antiespasmódico: la termoterapia actúa sobre los espasmos y las contracturas musculares, tanto en músculos esqueléticos como en las vísceras.
Revulsivo: la termoterapia intensa local puede llegar a producir un aumento de la circulación sanguínea.
Cauterizante: cuando se aplica calor en una zona determinada y con intensidad superior a la tolerancia cutánea, se produce la destrucción de los tejidos por quemadura.



